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Quimera desde mi jaula - Intro

por stoystone @ 2008-11-26 - 07:26:20

INTRODUCCIÓN

Empezó el día como cualquier día normal, me encontraba en el contexto de un desempleado, preocupado por encontrar trabajo y dedicando mi tiempo libre a lo que más me apasiona: soñar… dejar volar mi imaginación. Escribía un relato vertiginosamente, me divertía, tenia la sensación de que este cuento sería diferente. Tal vez me sugestione demasiado, ya que lo que empezó como una historia irreal me sorprendió. Me vi envuelto por unas vocecillas, las que no podía explicar de donde venían. Estas me explicaron que tenia que ver con mi pasado. Pronto fui descubriendo que es lo que quieren de mi.

La transición

Acabo de despertar, de reconciliarme con la noche. Estuve ido de la realidad. Hasta ayer no podía conciliar el sueño. Paseaba por el balcón, daba vueltas por la calle, no estaba loco solamente era un insomne más. Nunca me preocupe tanto por no poder dormir.

Cuando estudiaba en la universidad esperaba a que el cansancio me lleve a la cama, no importaba la hora. Podía despertarme a las 11 de la mañana o a las 3 de la tarde, daba igual. Estaba acostumbrado a faltar a clases y estudiar por mi cuenta.

Debido a mi costumbre de dormir en el día empecé a trabajar de madrugada, creí que el horario no me afectaría pero poco a poco me fui volviendo una persona huraña, un sonámbulo perpetuo, no sabía que tan importante era el descansar, tal vez si lo sabía pero no lo consideraba así. Inexorablemente tenía que soportar a que lleguen las siete de la mañana para terminar mi turno, no era nada fácil, a veces solo era cuestión de aferrarse a una idea: ya falta poco. Es así como tuve que hacer de mi horario de descanso una responsabilidad, debía ser disciplinado sino terminaría por volverme un rutinario trabajador sin vida social. Con el tiempo me empezaron a cambiar de turno, un día estaba en la mañana, al día siguiente en la tarde, otro día en la madrugada, aprovechaba el tiempo libre para dormir mas no para conciliar el sueño, era un descanso sin descanso, por tal motivo empecé a demostrar mi inconformidad con las decisiones que tomaban acerca de mi horario, así que me despidieron por empezar a faltar, sin objetar trate de devolverme la poca tranquilidad que me pertenecía.
Me familiarice tanto con la madrugada que hacia todo de madrugada, paseaba a mantecoso, lavaba mi ropa, veía televisión, comía bastante, escribía, tocaba la guitarra, cantaba, leía, etcétera. No podía quejarme nadie me molestaba, había silencio… demasiado silencio, todo era perfecto al menos para mi. Todo ocurría hasta que salía el Sol, cuando el común de los mortales se alistaba para ir a trabajar a estudiar, a tirarse la pera o a lo que fuere, es entonces cuando a mi me brotaban los bostezos, me sobaba los ojos y me rascaba la cabeza. Lo llamo la transición. Mi familia me miraba de una manera extraña, y yo también los veía de una manera especial, no concordaban sus palabras con sus holguras, sus siluetas empezaban a burlarse de mi, no eran los únicos, cuando quería caminar, cada paso me suponía mayor dificultad, mantecoso se reía de mi, no voy a quejarme de las paredes a pesar de todas las sacudidas. Tengo una mala memoria por eso escribo esto. Era parte de mi, pero ahora es parte de esta historia. Tengo que resaltar la dificultad con la que he conseguido hoy día el poder dormir, ya que en el etapa de transición estuvieron ocurriendo sucesos extraños además de las siluetas deformes y las palabras distorsionadas - eso se podría explicar muy fácilmente simplemente soñaba despierto - pero como decía, empecé a escuchar ciertas voces, que primero me preguntaban si los escuchaba a lo que muy entorpecido respondí que no, entonces estas cuchicheaban alegremente con mas avidez, con una ambición de querer comunicarme algo, no me asombre, creía estar ya totalmente dormido, no estoy seguro, parecía muy real. Me dijeron que me conocían que tenemos algo pendiente, mi curiosidad me llevo a buscar por toda la casa estas voces, quería saber de que broma se trataba. Me aventure en la conversación, es entonces cuando empieza esta historia.

Erase una vez un niño llamado Esteban, alegre y triste, confiado y suspicaz, ingenuo y astuto, virtuoso y travieso en general. Este ‘’bandido’’ se propuso batir un record mundial, eso es algo que parece muy importante se dijo a sí mismo, ser reconocido por donde vaya, como ‘’él es, el del record mundial’’ pero ahora solo hacía falta saber que tenía que hacer para lograrlo, no existían limitaciones para él. Pensó en muchas cosas. Luego fue descartando posibilidades de acuerdo a lo que tenía a su alcance. Pronto se vio sin ninguna de ellas. Se vio limitado por el dinero, solo era un niño, no podría hacer ningún malabar bajo un helicóptero, ninguna exploración marina, ningún viaje inter-espacial, sin un céntimo. La palabra perseverancia no estaba definida en su mente mas si en su corazón y en sus actitudes. Pronto encontró más de una forma de alcanzar ese record.
El primer intento se dio cuando salió con su bicicleta y recorrió diez kilómetros en dos horas con quince minutos, le pidió a su amigo Bernardo que lo acompañe y el muy cordialmente aceptó a pesar de no saber manejar bicicleta. Tomaron el trayecto por donde se va a la playa sin embargo abandonó este intento ya que Bernardo aprendió muy rápido a manejar y es mas le ganaba en velocidad con mucha facilidad, así que esto lo desmotivo. Había que elegir algo más.
El segundo intento consistía en matar pulgas, para eso necesitaba la ayuda de mantecoso, el perro de la casa tenía muchas pulgas así que servía muy bien para empezar a practicar. Tomo el tiempo que se demoraba, mató alrededor de treinta y siete en cuarenta y seis minutos, en realidad al perro ya no le quedaban más pulgas. Su instinto asiduo le hizo buscar otra oportunidad.
El tercer intento lo llevó a ahorrar sus propinas. Diariamente compraba cinco gomas de mascar, se había prometido no usarlas hasta que llegue el momento adecuado. Sin embargo pudo mas el deseo de saborear el exquisito sabor a frutas, se comprometió en solo probar uno, ya que había logrado reunir veinticinco, daba igual uno mas o uno menos, así fue comiendo uno y otro, quería combinar sabores agrios y dulces, pronto se dio con la sorpresa que iban once gomas de mascar menos. No lo mencione pero el record que quería imponer era el del globo de goma de mascar mas grande del mundo, y si esa era la meta pues la conseguiría se dijo, así que busco un lugar donde guardarlas, no quería que nadie las vaya a encontrar por ello decidió esconderlas en un cuaderno, el cual coloco debajo de su almohada.

Espera Ernesto – dijeron las voces.
No me llamo Ernesto respondí.

Como sea. Pues no sabemos como empezar pero si. Creo que si – dijo la otra voz.
- ¿Si que? les dije.
Y empezar a gritar de alegría, diciendo: Lo encontramos. ¡Viva!

Les pregunte: ¿Tanto les gusto mi historia que se alegran? ¿Cómo sabían que la había escrito? ¿Por qué me pidieron que se las lea?
Bueno Evaristo ya no queremos escuchar mas tu historia, no nos importa nada mas ahora que nos escuches. Pronto sabrás quienes somos y porque te hemos buscado desde hace mucho tiempo – respondió uno de ellos.


 
 

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